Factores en el aprendizaje

Es esencial que en todo proceso de enseñanza-aprendizaje de una lengua extranjera las diferencias individuales de los aprendices tengan un lugar primordial. En este contexto de aprendizaje de lenguas, tanto el profesor como el alumno deberían tomar consciencia de todas las variables individuales que intervienen en la adquisición de una lengua. Variables de tipo cognitivo como la inteligencia, la actitud, el estilo cognitivo, las estrategias de aprendizaje; las de tipo afectivo como son la actitud y la motivación; y las variables de tipo físico-psicológico como la edad y la personalidad. Esto contribuiría ciertamente a la ardua tarea de aprender una lengua que implica en la práctica y como lo afirma Villanueva «la capacidad de saber aprender»(1997, en M.L.Villanueva & M. Navarro (1997)).

Factores que influyen en el aprendizaje

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Tenemos que enseñar a nuestros alumnos la importancia que tiene nuestro cuerpo para un buen aprendizaje. Estos son algunos de los factores que pueden tener en cuenta:

En cuanto al alumno

  • Buena alimentación. Los alimentos que tomamos no solamente nos nutren y dan energía sino que también pueden influir en nuestro aprendizaje. Por ejemplo: El tomar demasiado azúcar puede provocar una reacción hiperactiva, por lo que el alumno encuentra muy difícil concentrarse, pero por otra parte, necesitamos glucosa (lo mejor es comer fruta) para un buen funcionamiento del cerebro porque si los niveles de azúcar son bajos entonces se produce el sueño y letargo. También está comprobado que las bebidas gaseosas pueden alterar de una forma negativa la disposición de nuestro cerebro para el aprendizaje. Se debería beber agua de forma abundante para que las señales de las neuronas se muevan bien a través del cerebro.
  • Ciclos biocognitivos y bioritmos. Estos influyen de gran manera en los periodos de concentración, por lo que se deben tener en cuenta. En nuestras clases tenemos que cuidar el cambio de dinámica, alternar actividades energéticas con ejercicios más tranquilos e incluso, si es necesario, de relajación. El aprendiente no puede pasar demasiado tiempo realizando el mismo tipo de actividad, su aprendizaje sufre. Es verdad que nosotros no podemos controlar el horario de nuestras clases, pero sí ser conscientes de estos ciclos para adaptar lo que estamos trabajando. Se cree que las mejores horas para aprender son de las 8 a las 12 de la mañana (siendo la mejor las 10) y por la tarde de 4 a 7 (la mejor las 5). Nuestro deber es observar a los alumnos y adaptar la clase a su estado de ánimo, aprovechar los momentos de mejor concentración y variar la dinámica.
  • Horas de sueño. Cuando estamos cansados, el aprendizaje resulta mucho más costoso. Debemos hablar con los alumnos de lo importante que es dormir bien para estar preparados para aprender.
  • Relajación o energía. A través de ejercicios, música y cualquier otro recurso deberíamos crear un ambiente donde los alumnos se sientan relajados y preparados para el tipo de actividad que queremos llevar a cabo. A veces, tendremos que encargarnos de relajarles porque están demasiado alterados, otras improvisar una actividad donde recarguen energía, porque están demasiado apáticos. Y otras, tendremos que abandonar todos nuestros planes de clase, hablar con ellos y negociar lo que vamos a hacer en la clase ese día.
  • Motivación y confianza. La primera tiene lugar en cuanto el alumno se da cuenta de que sí está aprendiendo. La medida es - como dice Vygotsky - la mezcla justa del malestar del reto y no una excesiva frustración. De poco valen las recompensas externas, la mejor motivación es la intrínseca, la que viene “de dentro”. Los buenos resultados son debidos a un motor interno que nos mueve porque queremos, nos gusta y nos da satisfacción lo que estamos haciendo. La confianza en el profesor y en sí mismo viene también por sí sola cuando el alumno ve su progreso. Una vez que ganemos su confianza ya no tendremos que ir probando nada. Los alumnos nos seguirán.

  • Sentimientos, hormonas y estados de ánimo. Están presentes constantemente en nuestras clases e influirán de gran manera en el aprendizaje. Un alumno con un gran problema personal aprenderá con mayor dificultad. De nuevo, no se trata de que nosotros solucionemos los problemas de los alumnos sino de que seamos conscientes de los mismos. La clave es siempre ser honesto, hablar con los alumnos, crear un clima en el que sin esperar que nos cuenten su vida, sí podamos conseguir que nos hagan partícipes de que tienen un mal día y que necesitan nuestra atención o simplemente saber que debemos dejarles tranquilos.

  • Apuntes y notas. Dedica tiempo a hablar con tus alumnos sobre la clasificación de los apuntes, dales ideas de cómo hacerlo. Reserva una media hora al mes a revisar sus materiales. Resalta la importancia que tiene el orden en la carpeta, cuaderno o ordenador. Los alumnos deben echar un vistazo a sus materiales e imaginarse el orden (o desorden) dentro de sus cabezas. Propónles tomar notas con dibujos, colores, utilizar tarjetas, sistemas de clasificación, etc. También pueden retomar las palabras que van escribiendo para componer campos semánticos, pueden confeccionar su cuaderno de gramática, su cuaderno de errores o de excepciones. Se trata de mirar hacia atrás en nuestros apuntes, limpiar, clasificar y retomar lo importante.

  • Memoria. La memoria es un factor importantísimo en el aprendizaje de lenguas. Debemos hablar de ello con nuestros alumnos , averiguar lo que hacen para ejercitarla, intercambiar recuersos y técnicas.

En cuanto al entorno

Aspectos físicos. Merece la pena cuando entramos en clase tomarnos un minuto para controlar la luz, el aire fresco y la disposición del mobiliario. No olvidemos ventilar la clase continuamente, asegurarnos de que la luz es apropiada, que la clase esté recogida y que los alumnos estén posicionados de la forma más apropiada para la actividad que vamos a realizar.

Tiempo atmosférico. A las personas les afectan mucho los cambios de tiempo. En la clase puede hacer demasiado calor, o dar el sol con demasiada intensidad. Nos podemos plantear salir del aula y tener la clase a la sombra. Los días de lluvia, viento, niebla o poca luz pueden influir  de una forma negativa también en el biorritmo.

Música. A los chicos jóvenes les encanta la música y están muy acostumbrados a trabajar con ella.  Se dice que la música no instrumental puede distraerlos por el seguimiento que hay de las letras. No obstante dependiendo del trabajo que estén realizando podemos aprovechar para introducirles en la música latina o española.  Si queremos música de fondo, 60 compases por minuto corresponde a la media de latidos en el corazón humano y son los ideales para que los alumnos sigan trabajando y aprendiendo. Para un cambio, cuando los alumnos empiezan a decaer y se les quiere animar, entonces utilizaremos un ritmo más rápido, de 80 a 90 compases. Si los queremos calmar, porque están demasiado alterados, podemos  utilizar música que tenga de 40 a 50 compases por minuto.

La noticia en otros webs

MALEN R. DE ELVIRA - Madrid - 30/01/2011 El país.com

(Este es un artículo reciente sacado de Internet pero que nos ha parecido muy interesante).

Con el texto delante los alumnos creen que saben más de lo que retienen.

En dos estudios distintos, participó un total de 200 estudiantes. Se utilizaron tres métodos: la lectura simple o repetida de un texto, la lectura con el complemento de elaborar mapas de concepto (un método de codificación que consiste en hacer diagramas de las conexiones de lo que se estudia) y la lectura y posterior práctica de la recuperación de los conceptos estudiados. Esto último consistió en que, sin el texto delante, los estudiantes escribieron lo que recordaban de este de forma libre en 10 minutos. A la semana se les hizo a todos un corto test para comprobar lo que recordaban.

Los dos primeros métodos son muy populares y hacen creer a los estudiantes que aprenden mejor de lo que lo hacen en realidad, creen estos expertos. "Cuando los estudiantes tienen el material delante, creen que lo conocen mejor de lo que lo conocen de verdad", explica Jeffrey Karpicke, psicólogo de la Universidad Purdue (EE UU), que ha dirigido el trabajo, publicado en la revista Science. "Muchos estudiantes no se dan cuenta de que guardar el material y practicar el recuerdo es una estrategia de estudio muy potente".

"Este trabajo es interesante en la medida en que revela que mucha riqueza en la adquisición de información no es algo necesariamente positivo, aunque estuvo de moda en educación. De hecho, centrarse en cómo recordar la información relevante parece claramente mejor para afianzar el aprendizaje, al menos a medio plazo", opina Roberto Colom, catedrático de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid. Sin embargo, este experto encuentra un problema en este trabajo: "El test de conocimientos se produce con una semana de separación del evento de aprendizaje, por lo que se abre la posibilidad de que a más largo plazo los efectos de los métodos utilizados se inviertan, algo que puede ocurrir fácilmente".

Karpicke reconoce que el estudio elaborado (con codificación) es bueno para aprender, pero cree que la recuperación es aún mejor. Sin embargo, reconoce que están viendo la forma de combinar ambos métodos.

Colom cree que sería lo mejor, porque "contraponer los procesos de codificación y de recuperación es bastante poco inteligente". "Sería mucho más relevante probar el efecto combinado de ambos", dice.

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