La búsqueda de la identidad

martes 22 de agosto 2017

La búsqueda de la identidad

   Los adolescentes buscan su identidad porque todavía no saben bien quiénes son y por eso, para bien o para mal, son muy influenciables. Por nuestra parte, los docentes, debemos atender al papel que desempeñamos como modelo, ejemplo, y siempre cuidar lo que hacemos antes de exigir que lo hagan ellos. Si queremos que sean ordenados, tenemos que empezar por serlo nosotros, si queremos que entreguen los proyectos a tiempo, nosotros debemos entregar siempre los exámenes o proyectos corregidos cuando hemos dicho.

   Pero los adolescentes no solo buscan su identidad a nivel individual, sino también en el grupo. Por ello, toman roles diferentes y se comportan en la clase como si interpretaran a un personaje que eligen y que les permite autorrealizarse de forma satisfactoria. Aquellos alumnos que no consiguen el éxito mediante roles académicos (como el trabajador o el eficiente), lo que suele ocurrir en niños hiperactivos, tienden a desempeñar roles alternativos (como el agresivo, el payaso o el retador) que suelen perturbar el desarrollo de la clase. Si nos dedicamos a conocer a nuestros alumnos, esto ayuda a comprender el porqué de muchas conductas inapropiadas y a mejorar el clima de la clase. A continuación vamos a ver algunos de estos roles en el grupo:

«Vale, tú haces la pregunta 2, tú la 3 y yo la 4…»

- El líder. Es el alumno que asume el rol del profesor; el resto de los alumnos suele estar satisfecho con él porque muchas personas necesitan seguir a alguien. Los problemas que pueden aparecer es el abuso de poder por parte del líder y el intento de imponer sus propias ideas sin escuchar o tener en cuenta a los demás.

«A mí me encanta trabajar con todo el mundo, pero siempre soy el último que eligen.»

- El rechazado. Ningún alumno quiere trabajar con esta persona en los grupos y el profesor no sabe qué hacer con él. Normalmente es un alumno que carece de estrategias sociales y nosotros, como profesores, no podemos obligar a nadie que trabaje con él. No obstante sí que podemos tratar de averiguar lo que le pasa e intentar encontrar algo en lo que sea bueno para que destaque y el resto de los alumnos empiecen a tener más consideración hacia él.

«Odio las confrontaciones en el grupo, prefiero callarme y no meterme en jaleos.»

- El inseguro/callado. Esta persona parece no aportar nada al grupo y, como consecuencia, produce malestar porque parece aprovecharse de los demás. Quizás si el profesor se queda un poco con el grupo y le apoya y anima a algo que haga bien, él puede ir ganando confianza. Como en el caso del rechazado, se trata de averiguar algo que hace bien para que adquiera un poco más de protagonismo. Por ejemplo, si hay un alumno especialmente inseguro o tímido, podremos asignarle alguna tarea que para este sea sencilla y en la que tenga destreza. De esta manera, el grupo hará no solo aumentar su rendimiento, sino que este le dará un feedback positivo y ganará en seguridad y autoestima y, sobre todo, se liberará de sus inhibiciones.

«¿Y por qué solo tenemos dos días para hacer el proyecto? La otra clase tiene tres y además aquí hay muchos grupos de cuatro y nosotros somos solo tres».

- El matón. Es el alumno que amenaza o se queja continuamente, que se enfrenta al profesor y a los compañeros. Se le tiene miedo porque sabe cómo dejar a los compañeros en ridículo. El líder es el único que se puede enfrentar a él y al que él respeta. Busca siempre víctimas con las que puede ejercer su poder. Tiene una gran agresividad y nunca piensa en las consecuencias. Hay que observarle, porque puede ocurrir que siga acosando a algún compañero fuera de clase. Se debe hablar con él fuera de clase para averiguar qué es lo que le está produciendo tanta agresividad. A veces, puede ser consecuencia de una frustración ante un mal aprendizaje.

(En el visionado de un vídeo) «Ja, ja, habla de una forma muy rara y, además, ¿qué lleva en la cabeza?».

- El payaso. Hace gracias continuamente aunque en realidad lo que quiere es llamar la atención. Puede ser agotador en la clase, porque interrumpe continuamente y los compañeros le aceptan en algunas clases/actividades donde no les importa perder el tiempo, pero no en aquellas donde tienen verdadero interés. Le es muy difícil concentrarse y realizar su trabajo, por lo que los compañeros se cansan de él. Debemos tratar de averiguar el porqué de su conducta. Está claro que quiere atención y tenemos que saber cuál es la razón, para poderle ayudar.

(Pensando) «Con tal de no meterme en jaleos, yo paso de las discusiones del grupo y seguro que los demás trabajan y, luego, me lo pasan».

- El apático. No ofrece ni ideas ni resistencias, no aporta nada al grupo, nunca tiene ganas de trabajar, le falta motivación, normalmente no es querido en el grupo y, por su falta de autoestima, hacen que sea resentido, aunque nunca dirá lo que siente. Tenemos que ocuparnos especialmente de este alumno. Seguramente su apatía se debe a unos constantes malos resultados a esfuerzos anteriores. Ayudémosle a que “haga algo bien”, de esta forma empezará a motivarse.

«¿Y cómo era lo de la tarea 2?, no nos lo ha dado y además el ejercicio no se ve bien». Se da la vuelta al compañero de atrás y dice: «¿Me das la lista de vocabulario, es que tú has tenido más tiempo?».

- El exigente. Si tenemos un alumno con un exceso de exigencia hacia los demás miembros del grupo o un sentimiento subjetivo de autoeficacia excesiva, podremos asignarle una tarea más compleja o en la que sea menos diestro para ayudarle a ser consciente de sus limitaciones, además de que comprenda que igual que los demás han de aceptarle y pueden ayudarle en muchas ocasiones, él también ha de hacer lo mismo con los demás.

Esta lista no pretende ser exhaustiva. ¿Se te ocurre a ti algún otro tipo de alumno que nosotros no hayamos descrito? ¿Puedes añadirlo a la lista con una pequeña descripción?

(Ideas extraídas del libro: Soy profesor/a Aprender a Enseñar 3, de la editorial Edelsa) http://edelsa.es/venta/index.php?route=product/product&product_id=710