Nuestros adolescentes


 

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En la última década, los neurocientíficos, gracias a las nuevas tecnologías, han comenzado a estudiar dentro del cerebro humano vivo de todas las edades, y han comenzado a hacer un seguimiento de los cambios en la estructura y en las funciones cerebrales. Se ha revelado que no todo el proceso se termina en la infancia temprana, ya que el cerebro continúa desarrollándose a través de toda la adolescencia y en la etapa de los veinte y treinta años.

Una de las regiones del cerebro que cambia más drásticamente durante la adolescencia es la corteza prefrontal. Esta corteza está involucrada con funciones cognitivas de alto nivel: la toma de decisiones, la planificación, la inhibición del comportamiento inapropiado que evita que digamos algo grosero o estúpido. También está involucrada con la interacción social, el entendimiento de otras personas, y la autoconciencia.

Una línea de investigación usada para rastrear en el cerebro de los adolescentes es mediante la IRM (resonancia magnética) o la IRMf (resonancia magnética funcional) que sirven para observar los cambios en la actividad cerebral a través de la edad. Se practica un escáner cerebral tanto a adultos como a adolescentes mientras realizan una tarea que involucra pensar sobre otras personas, sus estados mentales, sus emociones. Se ha comprobado que la actividad en la región de la corteza prefrontal mesial (en el medio) disminuye durante el período de la adolescencia y eso explica el porqué los adultos utilizamos un enfoque mental distinto, una estrategia cognitiva diferente, para tomas decisiones, por ejemplo.

Esto significa que la habilidad de tener en cuenta la perspectiva de alguien para guiar la conducta de ese momento, actividad que, por cierto, hacemos en nuestra vida cotidiana de forma continuada, aún se desarrolla durante la adolescencia media y tardía. Así que la investigación cerebral ha demostrado que el cerebro del adolescente realmente sufre un desarrollo bastante profundo y esto tiene implicaciones para la educación, la rehabilitación y la intervención. El ambiente, incluida la enseñanza, puede formar y forma el cerebro del adolescente. 

El 40% de los adolescentes no tiene acceso a la educación escolar secundaria. Y sin embargo, este es un periodo de la vida donde el cerebro es particularmente adaptable y maleable. Es una oportunidad fantástica para el aprendizaje y la creatividad. Así que, lo que a veces es visto como un problema con adolescentes- conductas de alto riesgo, mal control de impulsos, autoconciencia- no debería estigmatizarse. En realidad refleja los cambios en el cerebro que proveen una oportunidad para la educación y el desarrollo social. 

(Consideraciones extraídas de la presentación de Sarah-Jayne Blakemore: ‘The mysterious workings of the adolescent brain’ 

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