¿Cómo planificamos?

La planificación es el resultado de un conjunto de decisiones que los profesores tomamos al guiar el aprendizaje de los alumnos.

¿Cómo empezamos?

Partiendo de la programación, deberíamos empezar por planear una unidad didáctica en su totalidad y luego cada una de las clases en las que vamos a trabajar esa unidad, incluyendo la evaluación. No se debería planear clase por clase sino que se debe tener una visión más amplia. También quiero insistir en la importancia de planear a la inversa, es decir, de la meta que queremos alcanzar, de la evaluación y la tarea final a la presentación de contenidos. Tenemos que saber a dónde queremos ir para comenzar nuestro camino. Es muy difícil hacer una maleta tomando las decisiones de lo que metemos si no sabemos a dónde vamos, qué tipo de viaje vamos a hacer ni por cuánto tiempo vamos a viajar. Antes de empezar a planear tengo que saber mi destino, por lo que lo primero que voy a escribir en mi planificación de la unidad es la tarea final. Si sabemos lo que los alumnos y yo queremos conseguir dentro de ciertas semanas al terminar la unidad también sabremos qué necesitamos para conseguirlo. Y así de una manera natural y espontánea nos van saliendo los contenidos y la metodología.

Cuando nos sentamos a preparar una clase las primeras preguntas que vienen a nuestra mente son:

“¿Qué voy a dar mañana? ¿Cómo lo voy a hacer? ¿Qué materiales voy a utilizar? ¿Qué puedo hacer para motivar a los alumnos?”(dibujos de una profe sentada preparando la clase con cara preocupada: Se ven tres bocadillos donde ella se ve por la clase, solo ella actuando. En el dibujo siguiente la misma profe pero ahora con cara de alegría y en los bocadillos los alumnos actuando, ella ya no aparece. La idea es dar el protagonismo a los alumnos, en lanzar el mensaje que es en ellos en los que debemos pensar cuando planeamos una clase y no tanto en primera persona)

Si te das cuenta todas estas preguntas van dirigidas hacia el profesor y parece que no se tenga en cuenta a los alumnos. ¿Qué tal si empezamos a pensar de esta otra manera?

“¿Qué necesitan aprender mis alumnos ahora? ¿Cómo vamos a distribuir y trabajar las tareas? ¿Qué materiales podemos utilizar? ¿Cómo podemos pasárnoslo bien?”

La planificación nos sirve para:

- Reflexionar antes de la clase. Plantearnos el qué vamos a hacer pero también el cómo.

- Consultar durante la clase. Por mucho que hayamos planificado la clase, los alumnos seguramente nos llevarán a su ritmo y a lo que van necesitando. Por ello, tenemos que ajustar continuamente nuestro plan de clase a lo que está pasando.

- Clasificar las clases posteriormente. La organizaciónes la clave de la efectividad. Si clasificamos los planes de clase, no sólo tenemos una buena visión de lo que está ocurriendo en cuanto al aprendizaje de los alumnos sino que los materiales nos pueden servir, adaptándolos, muchas veces más.

La planificación de clases nos puede llevar mucho tiempo al principio pero poco a poco las iremos haciendo menos explícitas en cuanto a los componentes y cada vez tendremos que poner menos por escrito. Planificar las clases es un ejercicio excelente para nuestro desarrollo como profesores.

Si hemos dedicado un capítulo entero a la planificación es porque creemos en ella. No obstante somos conscientes de todos los peligros que conlleva ajustarse demasiado al plan de clase y queremos analizar algunos de ellos antes de continuar:

Falta de flexibilidad:Si el profesor pasa mucho tiempo preparando una clase y anotándola en un minucioso plan, puede resultar muy frustrante cuando esta clase no se puede llevar a cabo tal y como nos la habíamos imaginado. No es tan fácil admitir y aceptar que hoy nos tenemos que olvidar del plan y que necesitamos improvisar, bien porque nos damos cuenta de que los alumnos no habían aprendido el contenido necesario para esta clase como nosotros nos lo habíamos planteado, bien porque surgen problemas o preguntas que nos desvían de nuestro plan o porque hay un ambiente disperso, faltan alumnos o no hay la suficiente energía o concentración. Notamos que se debe hacer algo diferente pero nos parece que hemos empleado nuestro valioso tiempo en esta preparación y nos empeñamos en seguir con nuestro plan aún cuando muchos factores están en contra. No podemos olvidar que aunque no sigamos lo escrito y planeado, la preparación de la clase no es nunca una pérdida de tiempo. En primer lugar hemos reflexionado y aprendido en el proceso y después, quizás podamos utilizar ese plan o parte de él para la siguiente clase.

Excesiva concentración en nosotros: Una buena planificación puede hacer que estemos demasiado pendientes de ella, de nuestra actuación como profesores, de lo que tenemos que cubrir y en el tiempo que hemos previsto. Sin darnos cuenta tendemos a ignorar a los alumnos que están intentando seguirnos pero que muchas veces no lo consiguen. No fijamos la atención como deberíamos en los alumnos, no “sentimos” qué es lo que necesitan en ese momento y continuamos con nuestra actuación perdiendo a muchos de ellos en el camino y de nuevo creándonos más estrés y frustración.

Falta de espontaneidad: Si estamos de acuerdo con que debemos seguir el proceso de aprendizaje de los alumnos, que son ellos los que guían la clase, entonces, ¿cómo puedo planificar varias clases para las próximas semanas si no sé lo que va a pasar en la clase de mañana? Además, a menudo cuando nosotros estamos inmersos en nuestro plan ocurre algo que lo interrumpe: una pregunta o un comentario que genera interés o ansiedad. Nosotros queremos continuar con nuestro plan pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que se ha creado un momento único (o como lo llama Rinvolucri: “un momento mágico”) y lo tenemos que aprovechar. Quizás al día siguiente cuando planeamos tratar ese tema de una manera más formal la motivación ya ha desaparecido. Hay que aprender a reconocer esos momentos y utilizarlos. Sin embargo otras veces los comentarios o preguntas que nos sacan del plan no son convenientes tratarlos en ese momento por muchas razones. También debemos reconocer esos otros momentos y tomar decisiones rápidas y firmes. “No, ahora no es el momento, lo apunto, preparo y lo trabajamos en la próxima clase”.

Planificar una clase da mucha seguridad a los profesores, especialmente a los que empiezan su profesión o los que empiezan un curso que no han hecho anteriormente y es un gran recurso para “autoaprender” sobre metodología. Simplemente tengamos siempre presente que el plan de clase es una posible guía, no algo que tengamos que seguir exactamente. Además, la importancia de la planificación depende también del tipo de profesor que eres. Hay profesores que lo necesitarán más que otros. Al igual que hay distintos tipos de aprendientes en los alumnos también hay por supuesto distintos tipos de profesores. Los hay más creativos, intuitivos, espontáneos, otros que son más secuenciales y que necesitan un hilo conductor, saber lo que están haciendo en cada momento y lo que van a hacer después. Por otra parte también muchos alumnos necesitan o quieren saber qué vamos a hacer en la siguiente unidad o clase. Ante lo no planificado muchos profesores se sienten perdidos. Es una situación paradójica y como muchas otras cosas en la enseñanza tú tienes que decidir, escoger aquello que va más contigo y en lo que crees.

El plan de clase es el primer paso para la reflexión en la competencia docente. Es uno de los puntos de partida de la autoevaluación y autorreflexión. De todas formas en muchas instituciones hay observaciones de los jefes y te exigen un plan de clase, o sea, que no está mal el saberlo hacer de forma explícita aunque no lo quieras utilizar.

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